Nuestros Orígenes

Charlie Yascaribay nació en Ecuador, en un entorno donde la creatividad era una forma de supervivencia y la imaginación, una ventana hacia algo más grande. A los diez años emigró a España con su familia, buscando estabilidad y nuevas oportunidades. Ese viaje marcó su manera de ver el mundo y su relación con la belleza, la transformación y el deseo de crear.

A los dieciocho años, en un momento de incertidumbre sobre su futuro, su padre le entregó un panfleto de una escuela de joyería. Aquel gesto aparentemente insignificante encendió una chispa decisiva.

Charlie descubrió en la joyería un espacio donde su mente, sus manos y su sensibilidad podían encontrarse. Tras su formación inicial, continuó ampliando su conocimiento estudiando gemología, adentrándose así en el universo íntimo de las piedras, sus secretos y su lenguaje.

Primer talle improvisado en casa - 2013

Después de sus estudios, entró como aprendiz en el taller de uno de los mejores diseñadores de joyas del mundo. Allí aprendió el oficio desde la base: técnica, precisión, respeto por los materiales y, sobre todo, disciplina creativa. Fueron años de esfuerzo, crecimiento y dedicación absoluta, que lo llevaron a convertirse en joyero mayor en tan solo ocho o nueve años. Aquella experiencia fue como vivir un sueño: formar parte de un atelier de prestigio, crear piezas extraordinarias y trabajar rodeado de excelencia.

Sin embargo, Charlie sentía que no podía conformarse únicamente con materializar los diseños de otras personas. Había algo dentro de él que ardía, una necesidad profunda de expresar su propia visión, de contar historias con su propia voz. Esa inquietud se convirtió en impulso, y ese impulso en decisión: era el momento de seguir su propio camino.

Graduación como gemólogo - 2015

Así nació Yascaribay, su firma personal. Un proyecto que empezó como una búsqueda íntima y que hoy representa un espacio de libertad creativa, donde Charlie explora hasta dónde pueden llegar sus capacidades, su imaginación y su sensibilidad. Durante este trayecto ha descubierto que su trabajo no solo conecta con quienes lo ven, sino que emociona, inspira y acompaña. Ha comprobado que lo que crea gusta, que tiene un valor real y que puede vivir de ello sin renunciar a su esencia.

Para Charlie, la joyería es un acto mágico: imaginar algo y convertirlo en realidad. Es un puente entre almas. Cada pieza es un lienzo en blanco, una oportunidad para transformarse y transformar a otros. Su historia es la de alguien que encontró en este oficio un hogar, un lenguaje y un propósito.

Y Yascaribay es el resultado de ese camino: una firma nacida de la pasión, sostenida por el oficio y guiada por una visión que sigue creciendo.